• Cristiana Gasparotto

Cómo estalla la Primera Guerra Mundial

Actualizado: 17 de jun de 2018



La Primera Guerra Mundial estalla en consecuencia de una apuesta equivocada, según resume con perspicacia el historiador italiano Alessandro Barbero [1]. En realidad, no se trata de una sola apuesta, sino de varias, todas dramáticamente desafortunadas.


La reconstrucción de la Primera Guerra Mundial suele empezar con el 28 de junio de 1914, día en el que el archiduque Francisco Ferdinando de Austria y su esposa son asesinados por un grupo de terroristas serbios en la ciudad bosnia de Sarajevo [2]. La extrema gravedad del acontecimiento se explica con dos órdenes de consideraciones. En primer lugar, un atentado terrorista provocaba entonces, como las provoca hoy, reacciones viscerales, tanto en las opiniones públicas como en los gobiernos. Además, el archiduque asesinado es el sucesor al trono del emperador Francisco José I, que en ese momento tiene ochenta y cuatro años y reina desde hace sesenta y seis.


Estas consideraciones van encuadradas en el contexto económico y político de la Europa de 1914 que, después de casi medio siglo de paz [3], presenta unas características comunes a prácticamente todos los países: crecimiento económico, auge del nacionalismo, necesidad de seguridad, carrera armamentista. Ningún país desea la guerra, pero los gobiernos potencian los presupuestos de Defensa y los altos mandos de los ejércitos ─sobre cuyo oficio no hay dudas─ declaran estar preparados para cuando sea preciso intervenir.


En los cálculos estratégicos, tanto de los políticos como de los militares, pesan las relaciones internacionales que mantienen en equilibrio el tablero europeo. Por un lado, existe la Triple Alianza, acuerdo militar de carácter defensivo firmado en 1882 entre el Imperio alemán, el Imperio austro-húngaro y el Reino de Italia. Como contrapunto, el Imperio ruso, la Francia de la Tercera República y el Reino Unido están vinculados entre ellos por una serie de acuerdos político-militares [4] que constituyen la base de la Triple Entente.


Viendo detrás del atentado de Sarajevo la connivencia del gobierno serbio y un claro desafío a la legitimidad del Imperio habsbúrgico, Viena considera que Serbia debe ser castigada con una guerra que, por otro lado, pretende mantener circunscrita al área balcánica. Aunque sea una república pequeña, no obstante, Serbia cuenta con la protección de otro país eslavo y ortodoxo, pero mucho más grande e influyente: la Rusia del zar Nicolás II. Tras el funeral de los archiduques, por lo tanto, el emperador Francisco José consulta a su aliado alemán, Guillermo II, sobre la situación [5]. El káiser, que ya dispone del ejército más potente del mundo, da a Francisco José el visto bueno para que tome rápidamente medidas contra Serbia y le asegura que, en el caso de que Rusia intervenga en ayuda de Serbia, Austria puede contar con Alemania, en virtud de su alianza. El káiser asegura también que Rusia nunca intervendría. Este visto bueno ha pasado a la historia como el cheque en blanco de Berlín a Viena [6] y la no intervención de Rusia al lado de Serbia es la primera apuesta equivocada.


El 23 de julio, con una dilación que acompaña todas las decisiones austriacas, Viena envía un ultimátum a Belgrado. Es un ultimátum durísimo, redactado con la finalidad de forzar la guerra local. Aunque Serbia acepte casi todos los puntos contenidos en el ultimátum, el 28 de julio Austria declara la guerra a Serbia. Al día siguiente, Rusia empieza la movilización.


La movilización es el conjunto de medidas y operaciones por el que un país pasa del estado de paz al estado de guerra. Según el país en cuestión, la movilización puede tardar horas o meses. En el caso de Rusia, país vastísimo y pobre de infraestructuras, las maniobras son muy lentas; es necesario empezar a movilizar en cuanto se presente la amenaza de una incipiente guerra. Al otro extremo de eficiencia, Alemania tiene la capacidad de desplazar la totalidad de sus fuerzas y recursos en un día.

El 30 de julio, el káiser Guillermo manda al zar Nicolás un ultimátum para que pare la movilización rusa, puesto que si Alemania también empezara a movilizar, la guerra ya sería inevitable. Es la segunda apuesta equivocada.


Después de tres días de tensiones diplomáticas entre Berlín y San Petersburgo, y de presiones por parte de los altos mandos militares alemanes, al vencer el ultimátum, el 1 de agosto Alemania empieza la movilización y declara la guerra a Rusia. El 2 de agosto, Alemania invade el Luxemburgo; al día siguiente declara la guerra también a Francia e invade Bélgica, esperando que el Reino Unido tolere la invasión de un estado neutral [7]. Es la tercera apuesta equivocada: el 4 de agosto, el Reino Unido declara la guerra al Imperio alemán. Todas las potencias europeas (con la excepción de Italia que se mantendrá neutral hasta la primavera del año siguiente) se encuentran involucradas en una guerra que habían afirmado querer evitar a toda costa.


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[1] Come scoppiano le guerre? La prima guerra mondiale (en línea). En: Sarzana Festival della Mente 2014. YouTube, 29-31/08/14 (fecha de consulta 30/05/18). Disponible en https://www.youtube.com/watch?v=OIAeg_n0l8Q.

[2] En Bosnia conviven varios grupos étnicos; algunos de ellos, como los serbio-bosnios, están muy descontentos con la ocupación austro-húngara de 1908.

[3] Los últimos conflictos bélicos relevantes del siglo XIX son la Guerra de Crimea (1853-56), la Tercera Guerra de la Independencia Italiana (1866) y la Guerra franco-prusiana (1870-71).

[4] El más importante de estos acuerdos es la alianza franco-rusa, formalizada entre 1891 y 1894. El entendimiento de esta singular alianza, en la que participan la Francia republicana revolucionaria y democrática y la Rusia imperial zarista y absolutista, reside en la necesidad de contener el agresivo crecimiento económico y militar del Imperio alemán.

[5] Con Italia no cuenta, y con acierto, como demuestran los acontecimientos posteriores.

[6] Max Hastings. 1914. El año de la catástrofe (Barcelona: Crítica, 2013), 130.

[7] Para el Reino Unido, la neutralidad de Bélgica (garantizada también por Prusia con la firma del Tratado de Londres en 1839) representa la conexión portuaria con Europa en caso de una ocupación alemana de Francia.