• Cristiana Gasparotto

El alba del 10 de junio, contada por Lussu



El día 10 (N.d.T.: de junio de 1917), nuestra artillería abrió el fuego a las cinco de la madrugada. La gran acción que se desplegaba, por cincuenta kilómetros, desde Val d'Assa hasta Cima Caldiera, había empezado. En el Altipiano [1], incluyendo las bombardas pesadas de trinchera, no había menos de mil bocas de fuego. Un tamboreo inmenso, entre estruendos que parecían salir del vientre de la tierra, sacudía el suelo. La tierra misma temblaba por debajo de nuestros pies. Aquello no era tiro de artillería. Era el infierno que se había desencadenado. Siempre nos habíamos quejado de la falta de artillería: ahora sí que la teníamos, la artillería [2].

Il 10, la nostra artiglieria aprì il fuoco alle 5 del mattino. La grande azione che andava, per cinquanta chilometri, da Val d’Assa a Cima Caldiera, era iniziata. Sull’Altipiano, comprese le bombarde pesanti da trincea, non v’erano meno di mille bocche da fuoco. Un tambureggiamento immenso, fra boati che sembravano uscire dal ventre della terra, sconvolgeva il suolo. La stessa terra tremava sotto i nostri piedi. Quello non era tiro d’artiglieria. Era l’inferno che si era scatenato. Ci eravamo lamentati sempre della mancanza d’artiglieria: ora l’avevamo, l’artiglieria.


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[1] Lussu utiliza siempre esta variante del término altopiano.

[2] Emilio Lussu. Un anno sull’altipiano (Turín: Einaudi, 2014), 194.