• Cristiana Gasparotto

El contexto histórico

Actualizado: 29 de jun de 2018

Los acontecimientos de Sarajevo en el verano de 1914 habían precipitado el estado de tensión de una Europa muy nerviosa y cada vez más armada. Desde las extremidades del continente, la Inglaterra imperial, la Francia republicana y la Rusia zarista se encontraron asociadas en virtud de un común interés de contención tanto de la efervescencia balcánica como del rearme del segundo Reich. Por su parte, aunque en pleno declive, el Imperio austro-húngaro, coloso bicéfalo y multiétnico, mantenía pretensiones vigorosas en sus fronteras. La guerra estalló en una sucesión de movimientos irresponsables y de descargas de responsabilidades.


Vinculada a los Imperios centrales a través de una incómoda alianza de carácter defensivo, tras unos meses de maniobras políticas y diplomáticas bastante opacas, Italia transformó su neutralidad en hostilidad abierta y declaró guerra a Austria-Hungría. En un enfrentamiento de proporciones inmensas antes desconocidas, a partir del mes de mayo de 1915, el país abordó la que los nacionalistas reseñaron como su cuarta guerra de independencia, último conflicto del Risorgimento en el que, en nombre de las tierras no redimidas, pareció coagularse enérgicamente la turbulenta adquisición de una identidad nacional. Desde un punto de vista menos patriótico y más descarnado, se trató de una guerra de pobres soldados mal equipados y escasamente alimentados en la que casi una entera generación de jóvenes hombres quedó perdida.



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