• Cristiana Gasparotto

El fin de la Primera Guerra Mundial y las premisas de la Segunda


La Primera Guerra Mundial acabó definitivamente en todos los frentes el 11 de noviembre de 1918, cuando, en un tren parado en la foresta de Compiègne, la delegación alemana suscribió las condiciones de armisticio impuestas por el mariscal Foch en nombre de las potencias aliadas [1].


Villa Giusti, Padova. Fuente: Paolo Monti.

No obstante, para Italia, es hoy cuando se celebra el último de los aniversarios relacionados con su centenario de la Gran Guerra: el 4 de noviembre de 1918, a las tres de la tarde, terminaron todas las operaciones bélicas del frente meridional, como consecuencia de la entrada en vigor del armisticio entre el Imperio austro-húngaro y el Reino de Italia, firmado veinticuatro horas antes en Villa Giusti, en las afueras de la ciudad de Padua. Esa misma tarde, se difundió el boletín oficial n.º 1278, que había sido emitido a las 12:00 por el Mando Supremo italiano y que se conoce popularmente como el boletín de la victoria.


Palacio del Ayuntamiento, Gallio (VI).

Después de cuarenta y un meses de batallas, bombardeos, enormes pérdidas humanas y devastaciones en el territorio, se celebraba el epílogo del conflicto con la capitulación de Austria-Hungría. Según riporta Pieropan [2], utilizando como referencia el trabajo de Posani [3], a pesar de la victoria militar, el balance para Italia fue el siguiente:

  • 12.413.998.000 dólares gastados

  • 5.615.000 hombres movilizados

  • 650.000 fallecidos

  • 947.000 heridos

  • 600.000 prisioneros o desaparecidos


Italia había entrado en guerra contra los Imperios centrales, a los que la unía una alianza militar desde 1882, en virtud del Tratado de Londres, un acuerdo secreto estipulado con Francia, Inglaterra y Rusia el 26 de abril de 1915. Según este acuerdo, Italia se comprometía a intervenir en el conflicto a lado de la Triple Entente en el plazo máximo de un mes; al finalizar la guerra victoriosamente, habría obtenido a cambio, entre otras, las tierras del Impero austro-húngaro habitadas por poblaciones italianas (el Trentino, Gorizia y Trieste, Istria y Dalmacia) [4].


Sin embargo, en el tratado de paz que se firmó en Versalles en junio de 1919, no se reconocieron a Italia todas las compensaciones territoriales previstas en 1915, quedando excluida, por ejemplo, Dalmacia con la ciudad veneciana de Zara [5].


Mapa de la presencia veneciana e italiana en el Adriático. Fuente: Emanuele Mastrangelo. Via Wikimedia Commons.

Se difundió en una parte muy representativa de la opinión pública italiana la sensación de que el país no había recibido una compensación adecuada al esfuerzo realizado durante la guerra. El mito de la victoria mutilada, acuñado por el poeta Gabriele D'Annunzio, coaguló el descontento y la insatisfacción de los ambientes nacionalistas e intervencionistas y constituyó una de las bases ideológicas que llevaron al advenimiento del fascismo y a la consolidación del ventennio.


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[1] Gianni Pieropan. Storia della grande guerra sul fronte italiano 1915-1918 (Milán: Mursia, 2014), 849.

[2] Ibid., 850.

[3] Riccardo Posani. La Grande Guerra 1914-1918 (Florencia: Sadea-Sansoni, 1968).

[4] Las tierras irredente constituía un tema irresuelto desde la unificación de Italia en 1861.

[5] Ante el desmembramiento del Impero austro-húngaro y la necesidad de establecer un nuevo orden en Mitteleuropa y en la zona balcánica, se decidió remitirse a los Catorce Puntos del discurso pronunciado por el presidente Wilson en enero de 1918. El noveno punto, referente a Italia, decía: "El reajuste de las fronteras italianas deberá realizarse de acuerdo con el principio de la nacionalidad".