• Cristiana Gasparotto

La Strafexpedition

Actualizado: 5 de jul de 2018

Denominada por los italianos Strafexpedition (expedición punitiva) y por los austro-húngaros Frühjahrsoffensive (ofensiva de primavera), la batalla de los Altiplanos [1] tuvo lugar entre el 15 de mayo y el 27 de junio de 1916.


Fuente: Pieropan

Desde la entrada en guerra de Italia el año anterior, el jefe del Estado Mayor austríaco, general Conrad von Hötzendorf, había venido promoviendo la idea de una gran ofensiva en territorio italiano que castigara al ex aliado, culpable de haber traicionado el acuerdo de la Triple Alianza. La operación preveía la ruptura del frente entre los ríos Adigio y Brenta y la irrupción de las fuerzas imperiales en la llanura véneta, con la finalidad de bloquear la red de avituallamiento del ejército italiano y de obligarlo a la rendición. Los preparativos habían empezado ya en junio de 1915, pero las circunstancias generales de la guerra y las condiciones meteorológicas en la región de los altiplanos postergaron hasta mayo de 1916 el comienzo de la ofensiva que, de esta manera, perdió foco, concentración y gran parte de la ventaja de la sorpresa.


A las 6 h del 15 de mayo, bajo la luz radiante de una preciosa mañana de primavera que permitía una excelente visibilidad, la artillería de la 11ª Armada empezaba los tiros de ajuste que durarían tres horas consecutivas y que se tornarían, posteriormente, en destructivos: era una espantosa avalancha de hierro y fuego que caía en las precarias y muy expuestas primeras líneas italianas, literalmente arrasándolas y aniquilando a los supérstites [2].

Alle ore 6 del 15 maggio, nella luce radiosa dello splendido mattino primaverile che consentiva un’ottima visibilità, l’artiglieria dell’11ª Armata iniziava il tiro d’aggiustamento che durava tre ore consecutive e quindi si trasformava in distruttivo: era una terrificante valanga di ferro e di fuoco che si abbatteva sulle precarie e troppo esposte prime linee italiane, letteralmente spianandole e annichilendo i difensori superstiti.


Un aspecto distintivo de esta operación, que demuestra su grandiosidad y envergadura, es el hecho de que se desplegara como una batalla de movimiento dentro de un contexto bélico ya definido por la conservación de las posiciones. En el momento culminante de la Strafexpedition, alrededor de 380.000 austro-húngaros se enfrentaron a más de 450.000 italianos, a los que va añadido un gran número de caballos y medios pesados, concentrados en un espacio limitado, áspero y muy pobre de recursos [3].


Las montañas de Asiago se convirtieron en un teatro de enfrentamientos cruentos: a lo largo de cinco kilómetros de frente, abrieron fuego más de doscientas piezas de artillería, de las que se cuentan veinte de gran calibre. El III Cuerpo austro-húngaro rompió la defensa italiana y, entre el 27 y el 28 de mayo, ocupó Asiago; la resistencia, reducida al borde meridional de la cuenca del altiplano, no consiguió impedir la caída también de la ciudad de Gallio, perfilando a los imperiales una salida en la llanura vicentina.


Tras retirar las tropas hasta la retaguardia, el jefe del Estado Mayor italiano, general Cadorna, el 2 de junio ordenó una contraofensiva hacia las nuevas primeras líneas austriacas que, por el rápido avance de las dos semanas anteriores, no estaban aún conectadas con sus canales de avituallamiento. Casi contemporáneamente, Rusia lanzó una ofensiva en su frente contra Austria-Hungría, que tuvo que recurrir a refuerzos desde el frente meridional. A partir de ese momento, el enfrentamiento fue perdiendo intensidad y, ante el lento pero constante avance de los italianos, los austro-húngaros acabaron retirándose. Como se puede apreciar en el mapa [4], después de un mes y medio de conflicto, el frente quedó desplazado apenas unos pocos kilómetros.


A pesar de la victoria, el balance se cerró para Italia con 76.132 hombres fuera de combate, entre caídos, heridos y desaparecidos. Las pérdidas austro-húngaras consistieron en unos 30.000 hombres [5]. La disposición marcadamente ofensiva de la línea italiana había dejado las formaciones muy expuestas al tiro de la artillería adversaria y había beneficiado enormemente a las infanterías austro-húngaras. Esta batalla demostró, y los enfrentamientos posteriores en este teatro de operaciones lo confirmaron, que en la guerra de montaña quien gana pierde y quien pierde gana, porque es más fácil conquistar una cumbre que defenderla.


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[1] Los altiplanos involucrados en la batalla, además del de Asiago, fueron el de Folgaria y el de Lavarone, ambos en la actualidad pertenecientes a la provincia de Trento.

[2] Gianni Pieropan. Storia della grande guerra sul fronte italiano 1915-1918 (Milán: Mursia, 2014), 184.

[3] Ibid., 184.

[4] Ibid., 180.

[5] Ibid., 192.