• Cristiana Gasparotto

La Triple Alianza


Hace tiempo, realicé un trabajo de investigación centrado en la imagen de Italia en relación con la situación internacional, según se va elaborando en la cultura inglesa entre finales del siglo XIX y la primera década del siglo XX. Son los años pacíficos de la Belle Époque, aunque ensombrecidos por crisis y tensiones que desembocarán en la escalada de la Primera Guerra Mundial [1]. Vuelvo a un capítulo de ese trabajo para analizar, desde el punto de vista de algunos intelectuales y publicistas ingleses que bien pueden encarnar la visión general de su país, cómo y por qué Italia llega a firmar un acuerdo militar defensivo con los Imperios centrales.


Geográficamente ubicada entre Francia y Austria, la recién unificada Italia de los años Sesenta y Setenta del siglo XIX fantasea con un “espléndido aislamiento”, según la expresión utilizada por F. M. Underwood en el sentido de una seguridad permanente garantizada por la rivalidad entre estados vecinos [2]. Pronto Italia empieza a dirigir la mirada hacia el Mediterráneo y hacia los Balcanes, pero con una nueva y peculiar política exterior, basada en la estrategia de las “manos limpias”:


In foreign policy [Italy] would not join any machinations in order to deprive other countries of the territories which they legitimately possessed [3].

La estrategia resulta ser ingenua y completamente infructuosa. En el Congreso de Berlín de 1878, para empezar, Italia queda con las manos no solo limpias, sino vacías. La ilusión de representar un factor decisivo en las relaciones internacionales se esfuma en el momento en el que Italia se ve obligada a aceptar la ocupación austriaca de Bosnia-Herzegovina y la anexión inglesa de Chipre [4].


King y Okey ven en un acuerdo con los Imperios centrales la solución más ventajosa para Italia a la hora de evitar el peligro de un ataque austriaco. Por su parte, Austria no necesitaría estar tan pendiente de su frontera en los Alpes y podría concentrar sus fuerzas contra el Imperio Ruso. Alemania, por último, acoje con buena predisposición cualquier alianza que contribuya a aislar y a debilitar a Francia [5].


En mayo de 1882, con la firma de la Triple Alianza, empieza, por lo tanto, una curiosa unión entre dos países ─Italia y Austria─ que, aunque desagradándose mutuamente ven el el pacto la vía para evitar enfrentamientos, como resume también Underwood [6]. Otro autor, Feiling, considera sobre todo las ventajas para Italia, en cuyo caso la alianza


was a matter of life and death. Italy was outside the charmed circle of Powers: every other country had some aspiration fulfilled at the Congress of Berlin, Italy alone went begging. [...] The military strength of Germany was the sole hope for Italy to keep what she had to ensure future progress. With France estranged and Russia disinterested, Italy might hope to get a least as much from Austria by the good offices of Germany as by maintaining an impotent hostility towards her [7].

Italia, en definitiva, se agarra a la única realidad sólida y constante que existe en Europa entre 1882 y 1896, puesto que Austria y Alemania forman una coalición cuyos intereses están alineados y cuyos objetivos totalmente concertados [8]. En estos años, además, el Reino Unido se está disputando con Francia el control de Egipto y Marruecos y con Rusia la ruta a la India. La Triple Alianza asegura a Italia la amistad del Reino Unido, que se compromete a proteger los intereses italianos en el Mediterráneo ante Francia.


Este acuerdo se renueva varias veces (en 1887, 1891, 1902 y 1912) y sigue vigente en el verano de 1914, cuando Austria y Alemania entran en guerra e Italia se declara neutral en virtud de la naturaleza defensiva del acuerdo.


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[1] Cristiana Gasparotto. Dalla “tradizionale amicizia” all’Intesa. L’Italia liberale nella cultura inglese coeva. (Padova: Research Gate, 2001).

[2] F. M. Underwood. United Italy (Londres: Melthuen, 1912), 24.

[3] Ibid., 25.

[4] Ibid., 26.

[5] B. King, T. Okey. L’Italia d’oggi (Bari: Laterza, 1902), 431-432.

[6] Underwood, op.cit., 41.

[7] K. Feiling. Italian policy since 1870 (Oxford: Oxford Pamphlets, 1914), 5-6.

[8] Ibid., 6.